¿Qué es Melolagnia?

Melolagnia

Todo comenzó con una canción de rock y apenas 14 años. Probablemente ocurrió bastante antes, pero la falta de introspectiva y el aplanamiento cultural regalado por la radio debieron de ahogar la experiencia. No recuerdo el momento, ni la canción. Pero sí recuerdo aquella primera idea, atrevida, a su manera insurrecta, de que la música podría cambiarlo todo. Y entonces lo descubrí: Melolagnia.

Recuerdo la necesidad de escuchar esa canción en bucle. La satisfacción de los acordes bien resueltos. El placer. Supongo que también lo habréis sentido.

¿Nunca te has enamorado de una canción en concreto?

 

Sí, hablamos de melolagnia. Trascedental parafilia. Hablamos de la excitación sexual provocada por la música: la demostración de que nuestro cerebro no quiere resignarse a ser pura biología.  Melolagnia no es sólo excitación física: es mental, metafísica, abstracta. Es la subversión del rock, del punk, de la música que surgió de las entrañas. Del blues insumiso, el funk ingobernable, el rap blasfemo, de los ritmos de la vida. Sinceramente: dudo que ningún grupo comercial pueda jamás provocar algo parecido.

 

Melolagnia: excitación sexual provocada por una canción en particular, una melodía o por la experiencia de escuchar música.

 

Me preguntaron hace poco qué era exactamente Melolagnia.

 

Es sentir la música hasta las entrañas.  En algún lugar entre el cerebro, el esternón y la garganta. Ahogarte de la impresión.  Alojarla en ese calor interno, entre tejidos, plasma y aire, al ritmo de bajos y percusión. Melolagnia es en la tráquea, al ritmo de un riff melódico. Es encontrar, de pronto y de manera absurda, la respuesta a todas tus preguntas existenciales en una progresión de acordes. Melolagnia es un giro en una canción de techno, esa improvisación de saxo, la voz aterciopelada de una cantante de soul. Y la letra de un rapero, el segundo movimiento de una sinfonía de Dvoràk, el concierto en directo de un grupo de hardcore.

 

¿Qué es melolagnia?

 

Melolagnia es fuego. Ansia. Cafeína para dilatar las pupilas y las venas, salvación para los días de mierda. Es difícil: como enamorarte, en un inmenso universo, de pronto, de una creación exacta en el momento preciso. Ese “maldita canción perfecta” que no necesita alcohol, que es un concierto en sí misma, que puede explicarlo todo.

 

No sé. Tengo la sensación de que no podría fiarme de quien nunca se ha excitado con el arte. De quien nunca se ha querido follar una puta canción. De quien nunca ha gritado que no hay sentido para este juego macabro de preguntas que es la vida, pero la música nos valdrá como respuesta. Es desalentador, demasiado biológico: como si nuestros circuitos de recompensa sólo estuvieran programados para el sexo. Quizá nuestra conciencia es divina por la perversión de poder ir más allá: el placer por el placer no fisiológico.

 

Y qué delicia.

 

que es melolagnia


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