La escala de Shepard: cómo Dunkerque consiguió ponerte histérico

Dunkerque es tensión. Taquicardia de hora y media. Y su banda sonora un ataque de ansiedad: porque sólo crece, se retroalimenta, progresiva incomodidad que nunca cesa. Es la responsable directa de que te agarres al sillón sin saber muy bien por qué. Te lleva a la desesperación de una manera tan continuada que parece difícil creer que sea posible. ¿Cómo, en un sistema aparentemente tonal, puede construirse una tensión eterna de tal envergadura..? ¿Cómo diablos se sostiene físicamente este efecto?

Ay amigos, es que hay truco.

La sintonía entre Christopher Nolan (director) y Hans Zimmer (compositor) es evidente . Dan vida a auténticas obras maestras, donde la música juega con el espectador construyendo líneas argumentales paralelas e invisibles. Hace años que trabajan juntos, y desde que Nolan tuvo la sabiduría y valor de delegar en el compositor parte del peso narrativo, sus películas han cobrado una nueva dimensión. Lo vimos en Interstellar. Y en Origen. Y el proceso de aprendizaje mutuo se hace cada vez más evidente: a día de hoy, son genios indiscutibles de la tensión y la incomodidad.

¿Cómo lo hacen? Ambos lo revelaron hace unos días en una entrevista: mediante la escala de Shepard. Es normal que no estéis muy familiarizados con ella. Pero la banda sonora de Dunkerque es, maestría aparte, básicamente esto. Preparaos para el viaje:

Es una ilusión. Sin más. Una ilusión auditiva: como un cuadro de Escher pero sin estar acostumbrados. Daibólica psicoacústica. Este efecto se construye mediante ondas sinusoidales superpuestas a la distancia exacta de una octava. Es decir, la misma nota a distintas frecuencias. Cada una de las ondas asciende conjuntamente con las otras, hasta repetir de nuevo la ascensión, a modo de bucle.

¿El truco? La intensidad de cada una de las ondas. La más alta de todas, según asciende, disminuye su intensidad. La intermedia siempre permanece fuerte, y la inferior va cobrando importancia.

Así, cuando va a repetirse el bucle de un tono, se destaca acústicamente la onda más grave y el cerebro interpreta que la escala continúa ascendiendo. No puede percibir el cambio. Y se repite una vez, y otra, y otra. El efecto sacacorchos, pero sonoro.

Leído es complicado. Os lo explican bien al principio de este vídeo.

Nolan y Zimmer ya lo utilizaron anteriormente en la banda sonora de Interestellar, con conocidos y desagradables resultados.

Una diabólica obra de arte. Pero infinita.

Dunkerque

BONUS TRACK: ¿Alguien jugó al Mario 64? ¿Os acordáis de ciertas escaleras interminables? Sorpresa:


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