A la cárcel por cantar: ¿cuánto cuesta la libertad de expresión?

Última semana de enero: dos artistas se sientan en el banquillo acusados por sus letras. Josep Miquel Beltran y Pablo Hasél, ambos raperos, se ven obligados a explicar que una canción sólo es una canción, que cantan hechos verídicos y contrastados, que un verso provocativo no es una incitación literal.

Año 2018. En España, la música se ha convertido en delito. Las letras, al parecer en arma. Compositores, twitteros, titiriteros, reciben dos tipos de imputaciones principales: enaltecimiento al terrorismo e injurias a la corona. Y la libertad de expresión parece más que nunca tener un límite.

¿Qué tienen todos ellos en común? Su ideología: son antifascistas, y una ley: la Ley Mordaza, aprobada en el año 2015. Por eso hemos decidido hacer un rapidísimo repaso a aquellos músicos que han sido juzgados durante los últimos años. Porque recordar es luchar, porque la información es poder, y el olvido el peor de los deslices.

Libertad de expresión

CASO VALTONYC

Tres años y ocho meses de prisión es lo que pide la fiscalía para el rapero mallorquín Josep Miquel Arenas Beltran, alias Valtonyc. ¿La causa? Injurias a la corona, amenazas y (sorpresa) enaltecimiento del terrorismo. La sentencía afirmaba que sus letras “van más allá de la expresión de coincidencia con objetivos políticos, solidaridad con los presos o camaradería nacida de vínculos ideológicos”. Se le acusa de contenido laudatorio hacia organizaciones como ETA y GRAPO.

“España era y sigue siendo un estado fascista”, afirma el cantante. El martes 6 de febrero se conocerá su condena.

CASO PABLO HASÉL

Hásel es uno de los casos de censura más sonados de estos últimos años. Se encuentra en pleno proceso de juicio, pero nada de esto es nuevo para Hásel. En 2014 ya fue condenado, y ahora se le acusa de “enaltecer el terrorismo, por alabar a grupos terroristas e insultar a la Corona y a los Cuerpos de Seguridad”. No sólo se le acusa por sus canciones, sino por palabras publicadas en su cuenta de Twitter y por un vídeo de Youtube: Juan Carlos el Bobón.

CASO LA INSURGENCIA

El caso de los chicos de La Insurgencia es uno de los más recientes. En diciembre de 2017, la Audiencia Nacional condenaba a dos años y un día (lo justo para ingresar en prisión) a cada uno de los doce miembros de este jovencísimo grupo, todos ellos sin antecedentes. Se les acusa de “enaltecimiento de los GRAPO” y de “mantener una tónica subversiva frente al orden constitucional democrático.”

Han sido juzgados por versos como “Estoy de lado, estoy con los parias, quiero ver a Rajoy atado a una vida precaria, con rabia me revelo, con la misma que se hizo volar a Carrero, vuelos altos bajo esta dictadura. Franco murió pero Juan Carlos siguió con la tortura”.

CASO STRAWBERRY

César Strawberry, miembro del grupo Def Con Dos, lleva más de 20 años de composición absolutamente irreverente, descarada y provocativa. Sin embargo, en el año 2015 comenzó su persecución pero no por sus canciones, sino por sus publicaciones en la red social Twitter.

El rapero madrileño lleva años luchando por la libertad de expresión en diversos procesos judiciales, sin que por ello haya dejado de escribir. ¿Su delito? “Incitar al odio y legitimar el terrorismo”, según la audiencia. En 2017, Strawberry fue condenado a un año de cárcel.

CASO AYAX Y PROX

Los granadinos Ayax y Prok, de sólo 26 años, también han sufrido los atolladeros de la Ley Mordaza. En febrero de 2016 se les imputaba por subir a Youtube el tema Polizzia, donde “injuriaban a los cuerpos de seguridad” y mostraban imágenes de policías que permanecían ajenos a la grabación.

Se les acusa de que sus letras “justifican y enaltecen el odio hacia los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.” Los chicos se defienden así:

LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y PUNK

No nos olvidemos del género más irreverente. Desde que surgiera con fuerza en España a finales de los setenta, el punk se ha construido sobre letras irrespetuosas y blasfemas que, en su momento, no tuvieron repercusiones legales. El camino iniciado por el Rock Radical Vasco (silenciado bajo la movida madrileña), ha continuado componiendo desde el nihilismo del antitodo al activismo social más ácido. En los últimos años, sin embargo, muchos grupos han tenido que responder ante el estado.

Uno de los más afectados ha sido Soziedad Alkohólika, que con los años ha visto como muchas de sus actuaciones eran canceladas. En el 2015, el Ayuntamiento de Madrid prohibió uno de sus conciertos en el Palacio de Vistalegre. Las razones expuestas fueron: “representar un alto riesgo para el orden público” y componer con “excesos verbales hirientes”. La AVT les llevó a los tribunales, sin que el juzgado encontrara indicios suficientes para ninguna condena.

Otro caso que terminó en los tribunales fue el de los sevillanos Narco, pero en este caso fue por incluir en su disco, “Registro de penados y rebeldes”, un videojuego polémico que implicaba a las cofradías de su ciudad, con las que mantienen convulsas relaciones. El caso no fue a más, pero el grupo se vió envuelto en un altercado que terminó con su actividad durante años.

Más recientemente, Matarlos es poco, grupo de Valladolid, también ha visto peligrar sus directos. Aunque el caso no llegó a los juzgados, tuvo lugar una petición oficial de censura cuando se confirmó la actuación de este grupo de punk en las festividades de la ciudad, por su tema “Ciudad Rastrera”.

 

ARTE INOCUO: HACIA LAS CANCIONES DE AMOR ETERNAS

Internet ha conseguido dos cosas: entretener y viralizar. Y si bien siempre había existido música comprometida, nunca había llegado de manera tan instantánea a toda la juventud. Como la pólvora. ¿Demasiado peligroso?

Miedo. Miedo parece la consecuencia buscada de tantas acusaciones. ¿Qué músico antifascista se ve ahora completamente libre de la posibilidad de ser juzgado por sus letras? ¿Cuándo escapó la policía del pensamiento de los libros de ficción? ¿Por qué se han multiplicado las imputaciones durante el último lustro? …¿se puede cuestionar el régimen del 78 sin consecuencias?

Parece que se busque un arte que no provoque. El arte inocuo. Música de ojos cerrados, boca sellada y manitas quietas. Como un eterno Operación Triunfo donde profesores de academia acaban eligiendo tu canción.

censura en la música

 


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