Lendakaris Muertos en Valladolid: a ironía, a punk o a muerte

Hubo un tiempo en el que los conciertos de punk eran más que unas pocas horas de música. Eran un encuentro señalado, un evento de reunión social para jóvenes indolentes en busca de una excusa para hablar de cambiarlo todo. En un acto, si no político, al menos sí redentor de realidades obsoletas, comunión de nihilismo y expresión colectiva de hastío.Hoy, aunque las redes sociales han acercado comunidades y minimizado acciones, queda algo de ritual catártico en estos conciertos. Esos que irradian rabia. Y, como en este caso, también una fiesta subversiva y vacilona. Marca de la casa Lendakaris.

El concierto del pasado sábado fue una de estas ocasiones. Llegaron los Lendakaris un 24 de febrero y convirtieron Valladolid en su mejor expresión, en la fiesta que, como un grito punk, viene intentando resistir en sus barrios, con mayor o menor éxito, desde hace décadas.

Lemdakaris Valladolid

 

Nos regalaron dos horas de idas y venidas, de pogo, de besos gaztetxeros. De estrofa y estribillo a muerte. De energía imparable, pues un concierto completo de canciones de un minuto os aseguro que da para mucho. Lendakaris son una apuesta segura al desenfreno, con continuas subidas y bajadas del escenario, disfraces, interacción con el público. Una banda desperdigada entre pogos y energías que convirtieron el encuentro en un delicioso caos.

Lo voy a decir sin miedo: Lendakaris Muertos son el último reducto de punk de la vieja escuela en nuestro país. Rápidos y cortos, ácidos, spéedicos, cabreados, anti todo, divertidos, desenfadados. Vacilones. Y cuando algo así viene a Valladolid, joder, tenía que llenar la LAVA.

Cayeron retahílas de los temas de siempre y por supuesto de los nuevos. Ya sabéis, sus típicos alegatos: “ETA deja alguna diskoteca”, “Arnaldo Schwarzenegger será gobernador,”fuimos ikastoleros”, “húngara chúngara”, “el maldito 4k se ha llevado a mi chica”, o “tío, eso no es punki sino muy jevi”. Da igual. Nos gusta todo. Entre lo absurdo, lo desconcertante y lo político, Lendakaris deja caer en directo una serie de reivindicaciones para quien las quiera interpretar. Eso, y la nostalgia de algunos temas que ya cumplen quince años.

Diríamos que fue un ejercicio de manifiesta libertad de expresión. Porque cuando hay algo que decir no hay leyes absurdas que silencien. Diríamos que el pasado sábado nos levantamos contra todo durante un par de horas. Diríamos que mandamos a tomar por culo el estado, las imposiciones, a todos los partidos políticos. A todas las ideologías. Sin ningún tipo de censura o miedo.

Pero no, qué va, sólo fue un concierto más. Porque ya saben. Esto no va para nada de política.

 

Texto: Inés Rodríguez

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