Crónica Trashtucada: cuando la vida pesa menos

La vida es menos seria de lo que nos han contado. Creo. Llegué a ese conclusión, inadecuadamente profunda, entre cervezas, pogos, ska y bromas de regusto fiestero: en pleno concierto de Trashtucada. La vida es menos historia, menos lío. Lo he aprendido con los años poco a poco pero, sospecho, Trashtucada lo han sabido desde siempre. Son una maldita lección andante de cómo tomarse la vida un poco menos en serio.

Y el pasado sábado en la Caracol lo volvieron a demostrar. Con un llenazo absoluto.

 

trashtucada en directo

 

Tras una introducción arrasadora (e imprescindible) de los compis de Carroña, llegó la Familia Fiestas para repartir algarabía en forma de todas sus composiciones. KO Boeing 747, Muévete, Y volveré, Nada de Nada, pero también Mi Destino, La Calle, Penélope, o la mítica De festi? Vale, que convirtió en unos instantes la sala en un Viña Rock, sólo que con baños limpios y mejor olor en el ambiente. Trashtucada son de esos grupos cuyos himnos se corean con la fuerza de mil fiestas, pero que con novedades nunca dejan frío o indiferente a su público. Asiduos, curiosos o puntuales, los oyentes de la banda reciben cada uno de sus temas con la misma cercanía que desprende la formación. Un Quid pro Quo en el que nadie pierde nunca.

Y aunque en su último disco, ‘Nada de Nada‘, hayan virado un poco, aunque Trashtucada hayan hecho un hueco a la mala leche y la rebelión, a la estructura trabajada, siguen siendo pura sorna, ironía, improvisación, segundas crudas intenciones y bailes locamente incontrolables. El pasado 23 nos transportaron a la jarana y la despreocupación, a las drogas, a la juerga, a ese buen hacer del sur de quitarle el hierro del malo al asunto. Sin olvidar algo importante: sobre las tablas, su sonido se vuelve consistente y trabajado.

 

Trashtucada en Madrid

 

Porque digan lo que digan, Trashtucada son directo. ‘Nada de nada’ muestra una evolución, una mejora en la mezcla del sonido, pero nunca emulará ningún altavoz el resultado casi tangible de su música en directo. Esa libertad que llevan años generando y regalando en forma de buen rollito: el movimiento de la banda, la gestualidad de Juanmi, la sonrisa acogedora de Eli. El público convertido en un grupo de colegas.

Son más que músicos: cuando tocan se crecen y convierten en payasos, luchadores, animadores de masas, saltimbanquis, trovadores postmodernos que vienen a gritar y a cantar por metal o por bulerías si hace falta.

Hagamos de la vida un poquito más concierto de Trashtucada. (O, al menos, démosle un poquito más de Trashtucada a nuestras vidas).

Texto: Inés Rodríguez

Fotografías: A. Makeda

concierto trashtucada

 


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