Crónica Bull Music Festival: ahuyentar la lluvia al clamor de un tarareo


A  tu izquierda, el cuerpo de un señor que podría ser tu abuelo se deja llevar con gracia al ritmo vacilón de O’funkillo. A la derecha, un par de niños que no llegan ni a los 5 años se desgañitan gritando al atardecer un estribillo de Macaco. En primera fila, tu grupo de amigos hace vibrar el suelo con el pogo de Boikot.

Y entonces te das cuenta de que un festival puede y debe ofrecernos todo: diversidad de cartel y público (¡hasta de condiciones climatológicas, incluso!), conviviendo de la forma más armónica y ejemplar durante dos días. Todos cómplices de pronto cuando nos entremezclamos oficiando la intensidad de un buen directo, ese que sigues recordando una semana después porque la batería te hacía vibrar el esternón por dentro y levantar las manos mientras cantas.

Crónica Bull Festival

La desalentadora previsión de lluvias y tormenta amenazó seriamente las primeras horas del festival. Pero nosotros teníamos demasiadas ganas de música, y así lo demostraron las más de 30.000 personas que llegaron a juntarse en la segunda edición del Bull Music Festival. Un poco de paja para paliar el chaparrón inicial y apenas quedaba ya rastro de barro que nos distrajese del más que variopinto cartel. Y es que no todos los días Izal y Rosendo pisan el mismo escenario con una hora de diferencia, el primero presentando su último trabajo y ofreciéndose por completo a su entregado público, el segundo ejerciendo como soberano del rock que se despide de los escenarios en plena forma.

La nueva localización del festival no supuso un problema gracias al servicio de lanzaderas (que sólo se detenían unas horas cada día), o con el parking justo al lado del recinto, bien vigilado por el equipo de seguridad del festival. Con tantas barras y foodtrucks, pasar hambre o sed no era una opción. Y si no, había agua fresca para reponerse entre concierto y concierto a disposición de todos junto a los numerosos baños. (¡Aleluya!)

crónica bull festival
Foto tomada del Facebook Oficial del Bull Music Festival

Un bravo por la organización. Los escenarios estaban lo suficientemente cerca como para saltar de un concierto a otro sin tener que cruzar un recinto inmenso, y los horarios no llegaban a superponer del todo dos conciertos. Y, además, contábamos con el estreno de la Underground Tent, una carpa de electrónica que cobijó una fiesta eterna desde primera hora de la tarde hasta cerrar madrugadas, atrayéndonos hacia allí antes o después con unos acelerados ritmos que se oían (quizás demasiado) desde el Graná Brugal.

Pudimos disfrutar desde lo local (con el inconfundible sonido de Fausto Taranto o la enérgica fusión de Los vecinos del Callejón), a lo internacional con la vibrante energía transformada en techno de Joris Voorn en la vorágine electrónica que ofreció el tercer escenario.

Sin olvidarnos de tanto peso pesado nacional: cuando miles de manos suben y bajan sincronizadas en el aire, es que SFDK está reventando el escenario con su fuerza sevillana. Y Kase O., inmortal símbolo de nuestro rap, nos guió por su “círculo”, incluyendo paradas en grandes éxitos de su pasado en Violadores del Verso. Pero no todo lo grande en el rap requirió veteranía, y tanto Natos y Waor como Ayax y Prok así lo demostraron.

 

Bull Festival 2018

Tequila ignoró sin compasión cualquier clasificación generacional y nos invitó a saltar a todos (cumplimos con creces), después de que el Indie pop de Varry Brava hubiera calentado ese mismo escenario. A pesar de que sus conciertos suenan ya a despedida, elegimos volar con La Raíz y sus himnos festivaleros, y Trashtucada nos metió en el cuerpo esa vitalidad fiestera que hace que el escenario se les quede pequeño para tanto salto y correteo. El Canijo incluso se arrancó versionando a su querido Extremoduro entre sus garrapateo feliz y contagioso.

“¿No prefieres un concierto en sala, más recogida y en el centro?” Para los ninfómanos del directo al aire libre como nosotros esta pregunta carece de sentido. ¿Cómo vas a encerrarte entre cuatro paredes pudiendo saltar a plena luz del sol, viendo cómo poco a poco se convierte en noche mientras decenas de miles de personas, que de ninguna manera cabrían en la sala más grande del mundo, corean junto a ti ese estribillo cuando ese cantante que no entiende nada de respetar la distancia del foso nos ofrece el micrófono apoyado en la valla? Y llega la caída del sol, y ahí estás tú, ahí sigues tú porque los conciertos se suceden uno tras otro, tras otro, tras otro. De tus grupos favoritos, de aquellos que llevaban años sin tocar, de otros que descubres por casualidad porque esa melodía te obliga a levantarte de la carpa de la comida y acercarte a ver el directo de esa banda desconocida.

Bull Festival 2018

La única buena noticia de que el Bull Music Festival haya terminado es que ya tenemos fechas para estas ganas de festival que nos comen por dentro: la tercera edición nos espera el 31 de mayo y el 1 de Junio de 2019. Los poco más de 370 días que nos separan de él ya tienen la cuenta atrás activada. Y la previsión de lluvias puede volver a amenazar con lo que quiera, que nosotros no pensamos faltar.

Texto: Ela Rodríguez Romero

crónica bull
Foto tomada del Facebook Oficial del Bull Music Festival

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