Llamando a las puertas del cielo. Nos mean en la cara y dicen que llueve

Llamando a las Puertas del Cielo es como cualquier canción del Nega. Pasión, indignación, ritmo.

Y si en algún momento te pareció que no iba a hablar de política, estabas equivocado.

Y mucho.

Llamando a las Puertas del Cielo es una canción venida a más. Porque es una autobiografía, pero no del todo. Porque todo lo personal es político y más cuando lo cuenta Nega. Desde Ruzafa hasta lo más alto de la industria musical, no es sólo un libro de memorias: es un capítulo más en la historia de la conciencia de clase. Punto y coma. Es la vida de Ricardo Romero, uno de los raperos con más renombre de nuestra actualidad musical, con todos los laureles e insultos que ello pueda conllevar. Y todas las lecciones que pueda inferir de ello.

Llamando a las puertas del cielo Nega

Ilusión e indignación se destilan a partes iguales en las 160 páginas del libro, que es a la vez convencimiento y el desafío que necesitábamos. Un discurso de izquierdas maduro y libre, lejos del bienquedismo de su corriente más institucionalizada. Un libro fácil de leer que se asemeja más a una conversación de bar -cerveza mediante-, que a una autobiografía al uso.

Sin renunciar del todo a ese egotrip intrínseco al rap y un poco a su personaje, Ricardo Romero Laullón reflexiona sobre su vida, la memoria familiar, la industria musical, su carrera. Sobre la especie de golpe de suerte que es dar el salto una vez pasados los treinta, cuando la madurez -o por lo menos la experiencia- te permite gestionar el éxito sin pasarte de rosca con el ego y ahogarte en el star system. Esa cordura que te hace comprarte un pisito. O escribir sobre cómo creciste siendo pobre, o cómo tu bisabuela murió tras ser torturada por fascistas.

Ricardo también había guardado un lugar para el desprecio en este libro. Dilapida haters cobardes de Twitter, escritores de autoayuda, actos solidarios que no resultan tal. Fusila al bienquedismo, al obrero de derechas, al “sueña y lo conseguirás”, a la población alienada, al patriarcado. A todos aquellos que creen que la música es gratis y los músicos sirvientes.

Pero siempre, con un tinte de caos en sus palabras, de belleza, de dignidad y de vida. El artista aparece impetuoso tras la indignación política en pasajes que merece la pena pararse a leer dos veces. O tres. Pasajes que reivindican el arte. Y la revolución. Porque ya no nos dejan ser pobres: ahora somos loosers. Nega coge el rifle y apunta al individuo y al sistema.

Si eres pobre es porque no te esfuerzas lo suficiente. Es la forma que tienen los políticos del régimen de justificar que son unos putos incompetentes que no cumplen con sus obligaciones.  Que les follen. Vamos a por ellos. Fuego. Caos. Y no me llames vago porque te abro la puta cabeza: yo no tengo cuentas en Suiza ni recibo sobres de dinero negro.

Lo queremos todo. Todo lo bello, lo que merece la pena ser vivido. Lo soñado. Lo imaginado. Lo trabajado. No tenemos miedo, ni al cambio ni mucho menos a la pelea. No renunciaremos a nada y nuestro límite es el cielo”.

Llamando a las puertas del cielo es conciencia desde las raves, desde el sudor del trabajo, conciencia desde la memoria familiar y las experiencias, desde el arte y las películas. No es una autobiografía: es una contribución a la memoria de clase escrita desde la provocación, el descaro y la rebeldía.

 


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