Crónica: un concierto de Dakidarría al año para recuperar la alegría

CRÓNICA DAKIDARRÍA

 

Un concierto de Dakidarría al año para no caer en la desidia. Para recuperar la alegría, las ganas, la revolución contenta. El pasado viernes vivimos otra vez su directo y encontramos más que música: encontramos hermandad, alegría, una sensación reconfortante de que todo saldrá bien.

Y volvió a merecer la pena.

Dakidarría en directo es cinco mil veces cualquiera de sus discos. Regalan rock sin complejos a cualquiera que se acerque. Vas esperando un concierto y terminas encontrando mucho ska (más del que esperaríamos, más del que puedes bailar), compromiso, algo de rap, morriña, algunos guitarreos contundentes, compañerismo y un buen rollo de primera.

El viernes vivimos Galicia, ayer vivimos la ilusión de un disco más: Filosofía Incendiaria, que el grupo lleva casi un año girando por todo el país. Vivimos rock, vivimos rap, vivimos fusión, en un estilo que suena fresco como el primer día o incluso más. En su último trabajo, de sólo cinco canciones, la banda despliega su potencial compositivo en una amalgama variada en la que destaca la solidez de Escarnio e Maldizer, la magia de la potencia de Lume o la versión de Interrupters.

Y no son sólo buenas sensaciones: Dakidarría extiende sobre las tablas un sonido consistente, una profesionalidad labrada a través de los años, una cercanía a un público que les adora, en una sala que merecería un Sold out que no se llegó a conseguir.

Pero el cariño estuvo ahí: banda y público, y sonrisas que abarcaban desde adolescentes hasta no importa qué edad.

Como propina, la banda de Valmiñor nos regaló algunas grandes versiones del ska más clásico, que nos hicieron bailar y dejaron bien claras sus intenciones como banda. Bailamos Sarri sarri, bailamos The Monkey Man de los Specials, e invitaron al sarao a las cantantes Iraide y Ana de Yo No Las Conozco y a Luis de No Konforme. Una fiesta de buen rollo en la que nadie quedó fuera.

Posología: un concierto de Dakidarria al año para recuperar la alegría.

Y sigamos. Más Lume.

(Nos gustaría también destacar la iluminación del concierto, ¡fue un auténtico lujazo!)

 


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