24 horas (y algo más) en Camden Town, la cuna de la contracultura londinense

Teníamos que ir a Camden Town. Eso lo sabía nuestro subconsciente mucho ante de que ni siquiera nos hubiéramos planteado ir a Londres unos pocos días. Como amantes del punk en todas sus vertientes, del Oi!, de los mercados pequeños, de las botas, de beber cerveza en la calle y de algún detalle más, Camden Town se convirtió en una especie de visita obligada.

 

Camden Town Punk

Pero dejemos algo claro: Camden ya no es Camden Town. O no como nos habían contado las fotos en blanco y negro de esos artículos nostálgicos. El paso asolador e incuestionable de su excelentísima majestad la gentrificación ha hecho añicos todo lo que un día pudo ser Camden Town, reduciéndolo a una caricatura de mal gusto de sí misma.

 

LITTLE VENICE

Nos alojábamos cerca, por lo que decidimos ir andando. En cuanto te empiezas a acercar al mercadillo comienzas a ver pubs con carteles en los que se anuncian actuaciones musicales en directo, rock y precios “bajos” (precios bajos para los londinenses, porque para cualquier otra persona que no sea de allí resulta una puta clavada).

Como aún era temprano para tomar una cerveza (temprano también para nosotros, los ingleses son capaces de desayunarse una pinta con avena a las 7 de la mañana) nos fuimos a dar un paseo por los canales (Regent’s Canal) que hay justo al lado del mercado, lo que llaman “Little Venice”.

Poco que reseñar si has estado en cualquier otra ciudad con canales. Encontramos un par de pequeños canales, con sus habituales deportistas, músicos en busca de unas monedas y vegetación descuidada decorándolo. A los lados, pequeñas embarcaciones amarradas en frente de unas casas cuyos dueños, seguramente, puedan enterrarnos a todos en billetes de 100 libras sólo con lo que ganan en un mes.

Como veréis, hasta ahora todo muy alternativo.

Sin embargo, ofrecían un pequeño respiro a todo el conglomerado de turistas que se amontonaban sólo una calle más allá en busca de martens, punkis para una foto y comida a un precio barato.

 

EL MERCADO DE CAMDEM TOWN

Después del paseo por los canales, nos acercamos al mercado. Fachadas pintorescas, tiendecitas con camisetas de grupos, botas Dr Martens, puestos de comida para llevar, cabezas rapadas, UN STARBUCKS, alguna que otra cresta… nada que no pudieses encontrar un domingo en el rastro de Madrid. Os dejamos trabajar el símil en la soledad de vuestras casas.

 

Como íbamos con alguna que otra recomendación, nos dirigimos directamente a la tienda con el robot gigante en la entrada, “Cyberdog”. El pintoresco establecimiento resultó ser una especie de rave de los años 90 con música machacona, ropa llamativa y repleta de luces, decoración muy psicodélica y mucha gente sacándose fotos. Sólo faltaba el éxtasis y un soundsystem a la altura.

Lo cierto es que la tienda está muy guay. Cuando ya creíamos que no había nada más que ver en el local, descubrimos una zona dedicada a la venta y exposición de consoladores, vaginas en lata, lencería y todo tipo de artículos de sex shop. Guay.

Tras cotillear mucho y darnos cuenta de que no teníamos presupuesto para nada de lo que se vendía, decidimos salir y visitar otras tiendas con un resultado similar. Porque seamos realistas: El mercadillo de Candem Town no es para pobres. O al menos para pobres españoles.

Llegada a esta conclusión, decidimos tomar la sabia, meditada y madura decisión de emborracharnos.

 

 


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